MARIO KAPLÚN – Una Pedagogía de la Comunicación


«Una Pedagogía de la Comunicación» de Mario Kaplún constituye una obra de referencia central para comprender las relaciones entre educación, comunicación y práctica emancipadora en América Latina. El libro se inscribe en una tradición crítica que cuestiona los modelos educativos y comunicacionales verticalistas, transmisivos y tecnocráticos, proponiendo en su lugar una concepción dialógica, participativa y profundamente política del acto de comunicar y de educar. Kaplún no aborda la pedagogía como un campo aislado ni la comunicación como un mero conjunto de técnicas o medios, sino que articula ambas dimensiones en una propuesta integral orientada a la formación de sujetos críticos, capaces de interpretar, transformar y resignificar su realidad social.
A lo largo de la obra, Kaplún desarrolla una crítica sostenida al modelo dominante de comunicación entendido como simple transmisión de información desde un emisor activo hacia un receptor pasivo. Este modelo, que encuentra su correlato pedagógico en la educación bancaria, se apoya en una concepción instrumental del conocimiento y en una lógica de poder que reproduce jerarquías, silenciamientos y dependencias. Frente a ello, el autor propone pensar la comunicación como un proceso de intercambio, construcción colectiva de sentidos y producción compartida de conocimiento. Comunicar no es “decir algo a alguien”, sino crear condiciones para que los sujetos dialoguen, se reconozcan y elaboren significados a partir de su experiencia histórica y cultural.
La pedagogía de la comunicación que Kaplún defiende se apoya explícitamente en la tradición de la educación popular latinoamericana, particularmente en el pensamiento de Paulo Freire, aunque sin limitarse a una mera reiteración de sus conceptos. Kaplún retoma la noción de diálogo como eje estructurante del proceso educativo, pero la expande hacia el campo comunicacional, analizando de qué manera los lenguajes, los dispositivos y los medios pueden favorecer o bloquear ese diálogo. En este sentido, el autor muestra que no existe neutralidad técnica: toda forma de comunicación implica una determinada concepción del sujeto, del conocimiento y del poder.
Uno de los aportes más significativos del libro es la distinción entre diferentes modelos de comunicación educativa. Kaplún identifica y analiza críticamente el modelo transmisivo, el modelo persuasivo y el modelo problematizador. El primero se caracteriza por la centralidad del emisor y la pasividad del receptor; el segundo, aunque reconoce la importancia de los destinatarios, los concibe como objetos de influencia y manipulación; el tercero, en cambio, se orienta a la construcción colectiva del saber, al reconocimiento de los saberes previos y a la participación activa de los sujetos en el proceso comunicativo. Esta tipología no es meramente descriptiva, sino que funciona como una herramienta analítica para evaluar prácticas concretas en el campo educativo, comunitario y mediático.
Kaplún insiste en que una pedagogía verdaderamente transformadora debe partir de la experiencia de los sujetos, de su contexto sociocultural y de sus problemáticas reales. La comunicación, en este marco, no se limita a vehiculizar contenidos previamente definidos, sino que se convierte en un espacio de interrogación, de conflicto y de producción de sentido. El autor cuestiona la idea de “mensaje correcto” o “contenido adecuado” como algo que deba ser simplemente transmitido, y propone en su lugar procesos abiertos en los que el conocimiento se construye en interacción, a través del diálogo, la reflexión colectiva y la práctica.
Un aspecto central del libro es el análisis del papel de los medios de comunicación en los procesos educativos. Kaplún no idealiza los medios ni los demoniza, sino que los examina críticamente como dispositivos culturales atravesados por relaciones de poder. Señala que los medios pueden ser utilizados tanto para reforzar la pasividad y el consumo acrítico como para promover la participación, la expresión y la organización colectiva. La diferencia no reside únicamente en la tecnología empleada, sino en el enfoque pedagógico que orienta su uso. Una radio comunitaria, un video educativo o un material gráfico pueden reproducir lógicas verticalistas o convertirse en herramientas de diálogo y construcción colectiva, según cómo se los conciba y se los utilice.
En este punto, Kaplún introduce la noción de “comunicación educativa participativa”, subrayando la importancia de involucrar a los destinatarios no solo como receptores, sino como productores de mensajes. La producción comunicacional es entendida como un proceso pedagógico en sí mismo, en el que los sujetos reflexionan sobre su realidad, organizan sus ideas, negocian significados y se reconocen como actores sociales. Este énfasis en la producción colectiva de mensajes constituye uno de los rasgos distintivos de la propuesta de Kaplún y una de sus contribuciones más duraderas al campo de la comunicación popular.
El libro también aborda de manera detallada la relación entre lenguaje, poder y educación. Kaplún muestra cómo los lenguajes especializados, tecnocráticos o academicistas pueden funcionar como barreras que excluyen a amplios sectores de la población de los procesos de comunicación y aprendizaje. Frente a ello, propone una pedagogía que valore los lenguajes cotidianos, las narrativas populares y las formas expresivas propias de cada comunidad. Esto no implica una idealización acrítica de lo popular, sino el reconocimiento de que todo proceso educativo debe partir de los códigos culturales de los sujetos si pretende ser significativo y transformador.
Otro eje relevante de la obra es la reflexión sobre el rol del educador-comunicador. Kaplún cuestiona la figura del experto que “sabe” y “enseña” desde una posición de superioridad, y propone en su lugar un rol mediador, facilitador y animador del diálogo. El educador no es quien transmite verdades acabadas, sino quien crea condiciones para que el grupo piense, discuta y construya conocimiento colectivamente. Este enfoque supone una redefinición profunda de la autoridad pedagógica, que deja de basarse en el control del saber para apoyarse en la capacidad de escuchar, problematizar y acompañar procesos colectivos.
La dimensión política de la pedagogía de la comunicación atraviesa toda la obra. Kaplún entiende que educar y comunicar son actos inherentemente políticos, en tanto contribuyen a la reproducción o transformación de las relaciones sociales existentes. Por ello, su propuesta se orienta explícitamente hacia la emancipación, la democratización del conocimiento y la construcción de ciudadanía crítica. La comunicación educativa no es concebida como un instrumento neutral al servicio de cualquier fin, sino como una práctica comprometida con la justicia social, la participación y el fortalecimiento de los sectores históricamente marginados.
En este sentido, el libro dialoga de manera constante con las experiencias de educación popular, desarrollo comunitario y comunicación alternativa en América Latina. Kaplún recurre a ejemplos concretos, reflexiones surgidas de la práctica y aprendizajes colectivos para fundamentar sus planteos teóricos. Esta articulación entre teoría y práctica constituye uno de los rasgos más valiosos de la obra, ya que evita tanto el abstraccionismo académico como el empirismo acrítico. La pedagogía de la comunicación se presenta como un campo en construcción, alimentado por la reflexión sistemática sobre la experiencia.
Asimismo, Kaplún reflexiona sobre las tensiones y dificultades inherentes a los procesos participativos. Reconoce que el diálogo no es un ideal armonioso exento de conflictos, sino un espacio atravesado por desigualdades, resistencias y contradicciones. La participación no se decreta ni se garantiza automáticamente, sino que requiere tiempo, trabajo pedagógico y una disposición genuina a cuestionar las propias prácticas. En este punto, el autor se distancia de visiones ingenuas de la comunicación participativa y subraya la necesidad de una ética del diálogo basada en el respeto, la escucha y la coherencia entre discurso y acción.
La vigencia de «Una Pedagogía de la Comunicación» resulta notable, aun en contextos marcados por profundas transformaciones tecnológicas y mediáticas. Si bien el libro fue escrito en un momento histórico distinto al actual, sus planteos conservan una relevancia sustantiva para pensar la educación y la comunicación en sociedades atravesadas por la sobreinformación, la mercantilización del conocimiento y la concentración mediática. Kaplún ofrece categorías y enfoques que permiten analizar críticamente tanto los entornos digitales contemporáneos como las prácticas educativas que los incorporan sin cuestionar sus supuestos.
En definitiva, la obra de Mario Kaplún propone una concepción integral de la comunicación educativa como práctica dialógica, participativa y emancipadora. A través de un análisis riguroso y comprometido, el autor invita a repensar las formas en que se produce, circula y legitima el conocimiento, así como los roles que asumen educadores y educandos en ese proceso. «Una Pedagogía de la Comunicación» no ofrece recetas ni modelos cerrados, sino una perspectiva crítica que interpela al lector a revisar sus propias prácticas y a asumir la comunicación como un espacio de construcción colectiva de sentido y de transformación social.

(Contraseña: ganz1912)

Por ganz 1912

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