WENCESLAO GALÁN SÁNCHEZ – Los Límites de la Racionalidad Ilustrada (Marx, Nietzsche, Freud)

La Ilustración nos legó la confianza inquebrantable en la razón como motor del progreso humano. Desde el siglo XVIII, ese ideal de claridad, racionalidad y dominio de la naturaleza modeló nuestras instituciones, nuestros sistemas educativos, nuestras ideas sobre la verdad. Sin embargo, ese mismo ideal ha sido objeto de duras críticas por parte de algunos de los pensadores más incisivos de la modernidad. En su libro «Los límites de la racionalidad ilustrada (Marx, Nietzsche, Freud)», Wenceslao Galán Sánchez se propone explorar justamente esa crítica, articulada por tres figuras fundamentales que, cada uno desde su trinchera, dinamitaron las certezas del proyecto ilustrado: Karl Marx, Friedrich Nietzsche y Sigmund Freud.
El texto no es un tratado exhaustivo ni una biografía triple, sino un ensayo filosófico riguroso que interroga el sentido y los puntos ciegos de la razón ilustrada a través de las fisuras que estos tres autores supieron señalar. Galán Sánchez no cae en la tentación de equiparar sin más a Marx, Nietzsche y Freud —lo cual sería una simplificación absurda—, sino que muestra con precisión cómo cada uno representa un modo distinto de poner en jaque las pretensiones racionalistas de la modernidad: el primero desde la crítica de la economía política, el segundo desde la genealogía del pensamiento moral, el tercero desde la exploración del inconsciente.
El hilo conductor del libro es claro: hay una racionalidad dominante, heredera de la Ilustración, que ha construido una imagen del ser humano como sujeto autónomo, dueño de sí, transparente a la conciencia, guiado por la lógica, la ciencia y el cálculo. Esta imagen, según Galán Sánchez, se desmorona cuando se enfrentan las tesis marxistas sobre la ideología, las intuiciones nietzscheanas sobre el resentimiento y el nihilismo, y el descubrimiento freudiano de que no somos amos en nuestra propia casa. Cada uno de estos autores pone de relieve un aspecto que escapa —o resiste— a la lógica racional ilustrada: la estructura económica y material de la sociedad, la voluntad de poder detrás de los valores morales, y los deseos reprimidos que habitan el inconsciente.
Uno de los méritos más notables del ensayo es que no intenta domesticar a estos tres pensadores ni someterlos a un marco común artificial. Galán Sánchez asume la heterogeneidad de sus proyectos teóricos y se permite incluso marcar las tensiones entre ellos. Marx, por ejemplo, sigue creyendo en una forma de racionalidad emancipadora, orientada al cambio social; Nietzsche desconfía de todo proyecto redentor y se entrega al perspectivismo radical; Freud oscila entre el determinismo pulsional y el ideal del yo racional. Pero a pesar de sus diferencias, los tres coinciden en un punto esencial: la sospecha como método. En ese sentido, el autor recupera la idea riquelmeana de que estos tres forman la tríada de la «hermenéutica de la sospecha», es decir, una forma de pensar que no se contenta con la superficie del discurso racional, sino que escarba debajo, busca lo reprimido, lo oculto, lo reprimido por la moral o por la ideología.
Galán Sánchez ofrece una lectura accesible pero no simplista. Su prosa es clara, sobria, sin adornos innecesarios, pero cargada de precisión conceptual. No hay en él afán de erudición vacía, pero sí una notable capacidad para hacer dialogar textos complejos con problemas filosóficos de largo aliento. A lo largo del libro se puede sentir la influencia de Adorno y de la teoría crítica, especialmente en la crítica al positivismo y a la razón instrumental. Sin embargo, el enfoque no se reduce a una sola tradición: hay ecos del pensamiento francés (Foucault, Derrida), de la filosofía alemana clásica, y hasta de lecturas contemporáneas de los estudios culturales.
Un aspecto especialmente valioso del libro es la forma en que conecta los límites de la razón ilustrada con nuestras propias formas de vida. No se trata sólo de una discusión filosófica abstracta, sino de una crítica que interpela nuestra relación con el poder, con la verdad, con el deseo. ¿Hasta qué punto seguimos creyendo en el mito del sujeto autónomo? ¿Qué consecuencias tiene para nuestras democracias, nuestras prácticas educativas, nuestras formas de comprender la salud mental? El análisis de Galán Sánchez, aunque centrado en pensadores del siglo XIX, tiene una evidente actualidad. De hecho, es difícil no leerlo como una advertencia contra los nuevos fundamentalismos de la razón: el tecnocratismo, la fe ciega en los datos, el desprecio por lo simbólico, lo emocional, lo corporal.
En el capítulo dedicado a Marx, el autor destaca cómo la crítica de la ideología revela que muchas de nuestras convicciones racionales no son más que reflejos de las condiciones materiales de existencia. Lo que consideramos “lógico” o “natural” muchas veces no es otra cosa que el resultado de relaciones sociales históricamente situadas. Marx, entonces, no niega la razón, pero muestra cómo puede ser colonizada por intereses de clase. En este punto, Galán Sánchez pone en juego la noción de fetichismo, tan vigente hoy en día cuando los mercados parecen tener voluntad propia y los dispositivos digitales moldean nuestras decisiones sin que seamos del todo conscientes.
Nietzsche, por su parte, aparece como el gran provocador. Su crítica a la moral del rebaño, su diagnóstico del nihilismo y su apuesta por una afirmación vital sin garantías racionales desarman cualquier intento de sostener una ética basada en fundamentos universales. Galán Sánchez evita caer en lecturas caricaturescas del autor de «Más allá del bien y del mal», y lo presenta como alguien que no niega la razón, pero la subordina a una voluntad estética, vital, creadora. En esta lectura, Nietzsche no es simplemente un irracionalista, sino alguien que exige otra racionalidad: una que no tema al abismo ni al devenir.
En cuanto a Freud, el análisis se centra en la ruptura que introduce con la idea de sujeto. El inconsciente, con su lógica propia —desplazamientos, condensaciones, represión—, socava la noción de transparencia interior. Galán Sánchez insiste en que esta teoría no sólo afecta a la psicología, sino que tiene implicancias filosóficas de gran calado: si el yo no es dueño de sí, entonces toda la ética ilustrada basada en la autonomía se tambalea. En este sentido, el autor vincula la teoría freudiana con la crisis de la racionalidad moderna y con los desafíos actuales en torno a la identidad, el deseo y el poder.
En lugar de cerrar con conclusiones tranquilizadoras, el libro opta por dejarnos en un estado de vigilia crítica. El autor no propone reemplazar una racionalidad por otra, ni postula un retorno romántico a la irracionalidad, sino que sugiere la necesidad de una razón autocrítica, abierta a su propia historicidad, capaz de pensarse desde sus márgenes. En un mundo donde la técnica se impone como nuevo fetiche ilustrado, este llamado a repensar los límites de la razón no podría ser más urgente.
En suma, «Los límites de la racionalidad ilustrada (Marx, Nietzsche, Freud)» es una obra lúcida, bien documentada y profundamente inquietante. Wenceslao Galán Sánchez logra lo que todo buen ensayo debería lograr: sacudir nuestras certezas, obligarnos a pensar desde las grietas, no desde los sistemas cerrados. Es un libro para lectores que no temen a la incomodidad, que entienden que la filosofía no está para dar respuestas fáciles, sino para abrir preguntas difíciles. Y en tiempos de sobreabundancia de certezas, eso vale más que nunca.

(Contraseña: ganz1912)

Por ganz 1912

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