PEDRO S. ZULEN – Del Neohegelianismo al Neorealismo (Estudio de las Corrientes Filosóficas en Inglaterra y los Estados Unidos desde la Introducción de Hegel hasta la actual reacción neorealista)

Pedro S. Zulen no solo fue uno de los intelectuales más brillantes del Perú a inicios del siglo XX, sino también un pensador profundamente cosmopolita, en el sentido más exigente del término: no como quien simplemente adopta referencias extranjeras, sino como quien se sumerge críticamente en los sistemas de pensamiento más complejos de su tiempo para comprender los dilemas propios y ajenos. En ese contexto, su obra «Del neohegelianismo al neorealismo (Estudio de las corrientes filosóficas en Inglaterra y los Estados Unidos desde la introducción de Hegel hasta la actual reacción neorealista)» no solo representa un hito en la historia del pensamiento latinoamericano, sino también un esfuerzo monumental por mapear, con rigor y lucidez, la evolución filosófica anglosajona en un momento de transición crucial.
Publicada originalmente en 1916 como tesis doctoral en Harvard, esta obra es tanto una genealogía como una crítica. Zulen se propone trazar el derrotero que lleva del idealismo absoluto de corte hegeliano, dominante en Inglaterra en la segunda mitad del siglo XIX, hasta el surgimiento del neorealismo en el mundo anglosajón, particularmente en los Estados Unidos. Su tesis es clara: la filosofía angloamericana ha transitado de una metafísica totalizante a una reacción empirista que, aunque pretende objetividad, conlleva también sus propias limitaciones epistemológicas y ontológicas.
El texto está dividido en tres grandes partes: la primera se enfoca en el ingreso y apropiación del hegelianismo en Inglaterra, particularmente en las obras de F.H. Bradley y Bernard Bosanquet. La segunda analiza el progresivo agotamiento de ese paradigma, revelando sus tensiones internas y su incapacidad para dialogar con el avance de las ciencias naturales y sociales. Finalmente, la tercera parte aborda la emergencia del neorealismo como respuesta filosófica a esa crisis del idealismo, estudiando las propuestas de autores como William James, George Santayana, Ralph Barton Perry y otros vinculados al movimiento conocido como realismo crítico o nuevo realismo.
Zulen escribe con una erudición admirable. No se limita a describir teorías: las interroga, las contextualiza, las pone en tensión. Uno de los mayores méritos del libro es que no simplifica el debate entre idealistas y realistas como una mera dicotomía entre subjetivismo y objetividad, sino que expone los matices de ambas posiciones. Por ejemplo, en su lectura del idealismo británico, destaca que la noción de totalidad y el carácter orgánico del pensamiento hegeliano ofrecían una vía para resistir el mecanicismo positivista, pero que esa misma organicidad se volvió opaca frente a la necesidad de dar cuenta de la experiencia concreta y de los hechos empíricos.
En la caracterización del neorealismo, Zulen no cae en la trampa de celebrarlo como una liberación de la metafísica. Por el contrario, advierte que esta reacción, aunque necesaria, corre el riesgo de disolver la filosofía en una epistemología fragmentaria o en una psicología de la percepción. La afirmación de que el objeto existe independientemente del sujeto puede ser un gesto saludable frente al solipsismo, pero también puede derivar en una ingenuidad ontológica. Zulen señala que la crítica realista al idealismo absoluto no alcanza por sí sola para reconstituir un sistema filosófico robusto: hace falta repensar las mediaciones, los niveles de realidad y los modos de articulación entre sujeto y objeto.
Esta capacidad para ver las limitaciones de ambas posturas sin caer en el relativismo es una muestra de la madurez filosófica de Zulen. De hecho, lo más notable de su estudio no es solo la amplitud de autores o escuelas abordadas, sino su forma de pensar en transición. Zulen no se casa con ninguna corriente, pero tampoco adopta una posición neutra o ecléctica. Busca, más bien, situarse en el filo de la crítica, allí donde la historia de la filosofía se convierte en una herramienta para repensar los fundamentos del conocimiento, del lenguaje, de la experiencia.
Por momentos, el libro parece anticipar debates que solo se desarrollarían décadas después. Su atención a los vínculos entre lenguaje y realidad, por ejemplo, prefigura ciertas preguntas centrales de la filosofía analítica. Su preocupación por la mediación entre lo dado y lo pensado, por otro lado, anticipa inquietudes propias de la fenomenología. Aunque Zulen no se adscribe a ninguna de estas escuelas, su sensibilidad teórica lo sitúa en un punto de convergencia potencial.
Cabe destacar también la importancia histórica del texto. Zulen escribe desde la periferia del sistema filosófico mundial, pero lo hace con una competencia que desbarata cualquier prejuicio eurocéntrico. Su dominio del inglés y del alemán le permite acceder a las fuentes primarias; su formación científica y lógica, adquirida en Harvard, le da las herramientas para pensar con precisión; y su compromiso con los problemas filosóficos de fondo lo distancia del mero ejercicio académico. En ese sentido, «Del neohegelianismo al neorealismo» no solo es una obra pionera en la historia del pensamiento latinoamericano, sino una contribución significativa al pensamiento filosófico universal.
La escritura de Zulen es densa, precisa, rigurosa. No busca seducir con metáforas ni simplificaciones. Exige atención, pero recompensa con claridad conceptual. Su estilo recuerda, en cierto modo, a los mejores ensayos de la tradición kantiana: sobrios, argumentativos, profundamente estructurados. No hay herejía en decir que, en un continente más acostumbrado a la retórica que a la crítica, su prosa representa un acto de rebeldía intelectual.
Más allá de su contenido estrictamente filosófico, la obra también puede leerse como un testimonio del proyecto intelectual de Zulen: uno que buscaba articular la filosofía con la ciencia, pero también con la política, con la ética, con la transformación social. Aunque este libro no aborda directamente los problemas latinoamericanos, su existencia es ya un gesto político: es la afirmación de que desde América Latina se puede —y se debe— intervenir en las discusiones más sofisticadas del pensamiento global.
En suma, «Del neohegelianismo al neorealismo» es un libro exigente, pero necesario. Su lectura requiere paciencia, familiaridad con el debate filosófico anglosajón y atención a los matices del lenguaje conceptual. Pero quien se adentre en sus páginas encontrará una de las reflexiones más lúcidas sobre el tránsito del idealismo al realismo en el pensamiento moderno, escrita por un autor que no solo comprendió su época, sino que supo anticipar la nuestra. Zulen nos recuerda que la filosofía no es una arqueología de sistemas muertos, sino una forma de pensar en el umbral, allí donde el mundo cambia y las palabras intentan alcanzarlo.

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Por ganz 1912

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