
COLIN LANKSHEAR & MICHELE KNOBEL – Nuevos Alfabetismos (Su Práctica Cotidiana y el Aprendizaje en el Aula)
«Nuevos Alfabetismos: Su Práctica Cotidiana y el Aprendizaje en el Aula», escrito por Colin Lankshear y Michele Knobel, es un texto clave que explora cómo los cambios sociales y tecnológicos han transformado las formas en que las personas interactúan con el conocimiento y la comunicación. Los autores analizan el concepto de «alfabetismo» desde una perspectiva contemporánea, argumentando que el término ya no puede entenderse simplemente como la habilidad de leer y escribir en el sentido tradicional. En lugar de eso, proponen una comprensión más amplia que incluye la capacidad de participar en múltiples prácticas sociales y culturales que están moldeadas por las tecnologías digitales y los medios de comunicación.
Uno de los principales argumentos de Lankshear y Knobel es que los «nuevos alfabetismos» están profundamente entrelazados con el uso de tecnologías digitales y en red. Desde las plataformas de redes sociales hasta los videojuegos y los blogs, estas herramientas no solo han cambiado la manera en que las personas se comunican, sino que también han reconfigurado las formas en que se aprende y se accede a la información. Los autores señalan que los alfabetismos digitales requieren competencias que van más allá de la mera decodificación de texto; incluyen habilidades como la creación de contenido multimedia, la participación en comunidades en línea y la evaluación crítica de fuentes digitales.
En este sentido, los «nuevos alfabetismos» son vistos como prácticas situadas en contextos específicos, lo que significa que las habilidades que se requieren y valoran pueden variar según el entorno social y cultural en el que se practican. Lankshear y Knobel destacan cómo estas prácticas digitales son inherentemente colaborativas y participativas. En lugar de centrarse en el individuo como un «lector» o «escritor» aislado, los nuevos alfabetismos a menudo implican formas de producción y consumo compartido de información. Por ejemplo, la creación de contenido en plataformas como YouTube o la participación en comunidades de fanáticos involucra a los usuarios en actividades creativas que van más allá de las convenciones tradicionales de lectura y escritura.
Uno de los puntos fuertes del libro es su análisis crítico de cómo estos nuevos alfabetismos pueden integrarse en el contexto educativo. Lankshear y Knobel abordan los desafíos que enfrentan las instituciones escolares al intentar incorporar estas prácticas emergentes en sus currículos. Sostienen que las escuelas tradicionalmente han estado estructuradas en torno a formas de alfabetización más estáticas, como la lectura y la escritura en papel, y han tardado en adaptarse a las demandas de un mundo cada vez más digital. Los autores proponen que, para que la educación siga siendo relevante, es necesario que los educadores adopten una visión más flexible y abierta de lo que significa ser «alfabetizado» en la era digital.
Además, el libro enfatiza la importancia de la equidad en el acceso a los nuevos alfabetismos. Lankshear y Knobel señalan que, aunque las tecnologías digitales ofrecen oportunidades sin precedentes para el aprendizaje y la participación, no todos tienen el mismo acceso a ellas. Las brechas digitales relacionadas con el acceso a Internet, la posesión de dispositivos tecnológicos y las habilidades para utilizar estas herramientas crean desigualdades que pueden profundizar las divisiones sociales existentes. Por lo tanto, los autores abogan por enfoques educativos que no solo enseñen habilidades técnicas, sino que también consideren el contexto social y cultural de los estudiantes para garantizar una participación equitativa en las prácticas digitales.
Finalmente, «Nuevos Alfabetismos» ofrece una visión optimista sobre el potencial transformador de las tecnologías digitales en el aprendizaje. Lankshear y Knobel ven las prácticas de alfabetización digital no solo como una extensión de las formas tradicionales de leer y escribir, sino como algo cualitativamente diferente. Argumentan que estas nuevas formas de participación tienen el potencial de empoderar a los individuos y de fomentar nuevas formas de creatividad y colaboración. Sin embargo, también reconocen que para que esto suceda, es necesario un cambio en la forma en que las instituciones educativas y la sociedad en general comprenden y valoran estas habilidades.
