AGUSTÍN DE LA HERRÁN GASCÓN; JAVIER M. VALLE LÓPEZ & JOSÉ LUIS VILLENA HIGUERAS [Coordinadores] – ¿Qué Estamos Haciendo Mal en la Educación? (Reflexiones Pedagógicas para la Investigación, la Enseñanza y la Formación)

El libro «¿Qué Estamos Haciendo Mal en la Educación? (Reflexiones Pedagógicas para la Investigación, la Enseñanza y la Formación)», coordinado por Agustín de la Herrán Gascón, Javier M. Valle López y José Luis Villena Higueras, constituye una invitación urgente, reflexiva y rigurosa a poner en tela de juicio los supuestos, las inercias y las prácticas cristalizadas en el ámbito educativo contemporáneo. Lejos de contentarse con reproducir los lugares comunes del discurso reformista —tan frecuentes en los diagnósticos oficiales y mediáticos—, esta obra colectiva aborda el problema educativo desde una postura crítica, multidisciplinaria y con un claro compromiso epistémico, ético y político.
Lo primero que destaca es la voluntad autocrítica de los propios autores, en tanto actores implicados en el quehacer educativo, ya sea desde la investigación, la docencia o la gestión. En lugar de situarse como observadores externos que señalan desde un lugar de superioridad moral o técnica, los textos que componen el libro parten de una conciencia situada: quienes escriben no se escapan del problema, son parte de él. Por ello, la pregunta que da título a la obra —»¿Qué estamos haciendo mal?»— no es retórica, ni va dirigida únicamente a los sistemas educativos como entidades abstractas, sino que interpela directamente a todos los involucrados: docentes, formadores, investigadores, pedagogos, administradores, decisores de políticas, padres, e incluso estudiantes.
El libro se estructura como un conjunto de reflexiones elaboradas desde diversas perspectivas, tanto teóricas como prácticas, sobre los déficits estructurales y simbólicos de la educación en nuestros tiempos. No se trata de una denuncia apocalíptica ni de un manifiesto pesimista, sino de una radiografía precisa que, sin dejar de señalar los síntomas, se aventura a buscar los orígenes más profundos de los males que aquejan a nuestras instituciones educativas.
Uno de los núcleos centrales del libro es la crítica a la tecnocratización de la educación y a la creciente subordinación del quehacer pedagógico a las lógicas de la eficacia, la cuantificación y la rentabilidad. En este punto, el texto se alinea con otras corrientes críticas del pensamiento pedagógico contemporáneo, que denuncian la conversión del alumno en cliente, del conocimiento en producto y del docente en operador de políticas diseñadas desde laboratorios de gestión empresarial. La educación se vacía de sentido cuando se convierte en una mera prestación de servicios y pierde su dimensión formativa, ética y humanizadora.
En varios de los capítulos se insiste también en la necesidad de rescatar el pensamiento complejo frente a la creciente fragmentación de saberes, y de recuperar el sentido profundo del acto educativo como vínculo y como experiencia transformadora. Esta posición se apoya en una fuerte reivindicación del diálogo como categoría pedagógica fundamental, que trasciende los modelos bancarios o transmisivos de enseñanza. Enseñar no es solo transferir información; es también interrogar, incomodar, provocar pensamiento. Desde esta perspectiva, el maestro no es un mero dispensador de contenidos, sino un acompañante en el proceso de construcción subjetiva del otro.
Un aporte significativo del libro reside en su permanente cruce entre teoría y práctica. No se trata de una obra abstracta ni anclada en el formalismo académico. Los textos se nutren de la experiencia concreta en aulas, centros educativos y espacios de formación. Las reflexiones no son meras elucubraciones: nacen del contacto con la realidad viva de los procesos educativos. Esta articulación permite que el diagnóstico se sustente tanto en marcos conceptuales sólidos como en evidencias empíricas, lo cual fortalece la legitimidad del enfoque crítico propuesto.
Cabe destacar, además, la pluralidad de voces convocadas, que si bien mantienen un horizonte común —la transformación educativa—, no pretenden uniformizar sus miradas ni anular las tensiones propias de cualquier análisis serio. Al contrario, el libro se enriquece precisamente en los matices, en las diferencias de acento, en las preguntas abiertas más que en las respuestas cerradas. Esta polifonía, lejos de restar coherencia, aporta densidad y rigor a un texto que asume con honestidad la complejidad del fenómeno educativo.
Otra línea de fuerza presente en el volumen es la denuncia del divorcio entre teoría y práctica, entre investigación pedagógica y realidad escolar. A menudo, los docentes se sienten ajenos a los debates académicos, mientras que los investigadores tienden a hablar un lenguaje que poco se traduce en mejoras concretas en la labor cotidiana de las aulas. Esta brecha, según los autores, debe ser abordada mediante una renovación profunda de los modos de investigar, enseñar y formar. La pedagogía no puede sostenerse en un discurso desconectado del aula, pero tampoco debe resignarse a repetir mecánicamente lo que ocurre en ella. Es necesario construir puentes epistemológicos, afectivos y políticos entre ambos mundos.
Un punto especialmente valioso del libro es su apuesta por una educación centrada en la formación integral del ser humano. Se recupera aquí la noción de educación como proceso de construcción del sujeto, no solo como trabajador o ciudadano, sino como ser ético, sensible, creativo, capaz de habitar un mundo compartido con otros. Frente al modelo hegemónico de educación orientado exclusivamente a la empleabilidad, los autores reivindican la formación como horizonte emancipador. Esta idea no es nueva, pero cobra una relevancia ineludible en tiempos donde la lógica neoliberal tiende a reducir toda práctica humana a su valor de cambio.
Por último, merece mención la claridad y accesibilidad del lenguaje empleado en la mayoría de los capítulos. Si bien se trata de una obra elaborada por especialistas, el tono nunca cae en el academicismo estéril ni en la jerga impenetrable. Esto no solo amplía el alcance potencial del libro, sino que también constituye una toma de posición pedagógica: si el conocimiento no puede ser compartido, si no interpela, si no genera sentido, entonces pierde su fuerza transformadora.
En conclusión, «¿Qué Estamos Haciendo Mal en la Educación?» es una obra valiente, lúcida y profundamente comprometida con la mejora del sistema educativo desde una óptica crítica, ética y humanista. Su lectura es indispensable no solo para investigadores y docentes, sino para toda persona que entienda la educación como una herramienta de construcción social, y no como un engranaje más en la maquinaria del mercado. Frente a los discursos optimistas sin fundamento o a las recetas simplistas que prometen soluciones mágicas, este libro ofrece algo mucho más valioso: pensamiento crítico, humildad epistemológica y una profunda confianza en que otra educación —y por tanto, otro mundo— aún es posible.

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Por ganz 1912

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