ARMANDO SAITTA – Guía Crítica de la Historia Moderna

La obra de Armando Saitta, «Guía Crítica de la Historia Moderna», se presenta como un intento de desmontar las narraciones simplistas que han dominado la enseñanza y divulgación de la modernidad europea. No es un manual complaciente, de esos que ordenan cronológicamente los hechos y los presentan como una marcha triunfal hacia la razón, la ciencia y el progreso. Muy por el contrario, Saitta se propuso recuperar el carácter problemático, contradictorio y muchas veces violento de la modernidad. Lo que aquí aparece no es un relato lineal sino una crítica a las estructuras, a las ideologías legitimadoras y a los silencios que la historiografía tradicional ha cultivado durante siglos.
El libro parte de una premisa clara: la historia moderna no puede reducirse a una simple cronología de reyes, batallas y tratados. En vez de quedarse en la superficie de los acontecimientos, Saitta apunta a las transformaciones profundas en lo político, lo económico, lo cultural y lo ideológico. Es decir, aquello que hace que un periodo histórico no sea una mera sucesión de fechas sino un proceso. Desde esta perspectiva, se entienden mejor las rupturas del Renacimiento, la Reforma protestante, la consolidación de los Estados nacionales, la emergencia del capitalismo mercantil y, más adelante, el racionalismo ilustrado. Lo moderno, en su enfoque, aparece como un campo de tensiones antes que como un bloque homogéneo.
Uno de los méritos del libro es cuestionar la narrativa eurocéntrica que presenta a Europa como el único centro irradiador de modernidad. Saitta, sin dejar de reconocer el papel central que tuvo el continente, recuerda que el sistema-mundo moderno se constituyó también gracias a la colonización, a la esclavitud y al expolio de otros territorios. Así, el descubrimiento y conquista de América no figura aquí como una gesta heroica, sino como el inicio de una violencia sistemática que sostuvo durante siglos el crecimiento europeo. Con ello, el autor se distancia de la tradición historiográfica que exaltaba a los exploradores y ocultaba a los conquistados.
La «Guía Crítica» no elude tampoco los temas clásicos de la modernidad política. La formación de los Estados modernos aparece como un proceso que no puede entenderse solo desde las intrigas dinásticas o las guerras de sucesión. El Estado se muestra como una estructura burocrática y coercitiva, diseñada para monopolizar la violencia legítima y organizar la extracción de recursos. Saitta insiste en que la racionalización administrativa y el fortalecimiento de los ejércitos permanentes fueron tan importantes como las figuras de los monarcas absolutos. La historia política, en su lectura, debe entrelazarse con la historia social y económica, porque de lo contrario se convierte en una mera crónica palaciega.
El libro dedica un espacio relevante a la Reforma protestante y a la Contrarreforma católica, fenómenos que suelen ser interpretados desde claves exclusivamente religiosas. Saitta muestra que lo que estaba en juego era mucho más: la disputa por la autoridad, la emergencia de nuevas formas de subjetividad, la circulación de ideas ligadas a la imprenta y la reconfiguración de las relaciones entre Iglesia, Estado y sociedad. El protestantismo no fue solo una cuestión de dogmas teológicos, sino también un motor de cambios sociales, políticos y económicos que modificaron de raíz la fisonomía de Europa.
El capítulo dedicado al capitalismo es igualmente incisivo. Lejos de presentarlo como una evolución natural del comercio medieval, Saitta lo entiende como un fenómeno ligado a la expansión colonial, a la acumulación primitiva y al surgimiento de nuevas instituciones financieras. Señala que el capitalismo moderno se consolidó en medio de violencia, despojo y desigualdad, y no únicamente por la supuesta genialidad de ciertos emprendedores. El mercado, en su visión, no fue un descubrimiento espontáneo, sino un dispositivo construido a través de políticas estatales, conquistas militares y explotación de mano de obra esclava.
En cuanto a la Ilustración, Saitta evita tanto la glorificación ingenua como el desprecio reaccionario. Reconoce el aporte de la crítica ilustrada contra el oscurantismo, pero también advierte que el universalismo proclamado por los filósofos ilustrados ocultaba, muchas veces, la exclusión de las mujeres, de los pobres y de los pueblos colonizados. Así, la razón moderna aparece como una promesa ambigua: emancipadora en algunos aspectos, opresiva en otros. El autor no se cansa de subrayar estas ambivalencias, recordándonos que la historia moderna es más un campo de contradicciones que una marcha unívoca hacia el progreso.
Otro punto fuerte de la obra es la atención a las revoluciones, desde la inglesa del siglo XVII hasta la francesa de 1789. Saitta no se limita a narrar los hechos, sino que analiza sus causas estructurales, sus dinámicas sociales y sus consecuencias de largo plazo. La Revolución Francesa, por ejemplo, no aparece como un mito fundacional de la democracia moderna sin fisuras, sino como un proceso atravesado por tensiones de clase, por la violencia del Terror y por la contradicción entre la proclamación universal de los derechos y la persistencia de exclusiones. El libro funciona, en este sentido, como una vacuna contra la idealización ingenua de la modernidad revolucionaria.
El tono crítico se extiende a la relación entre modernidad y ciencia. Saitta subraya que el desarrollo científico no fue un proceso neutro, sino que estuvo estrechamente ligado a la consolidación de los Estados y al despliegue del capitalismo. La revolución científica del siglo XVII se tradujo tanto en avances en astronomía y física como en la legitimación de nuevas formas de control y de explotación. La ciencia moderna, con su ideal de objetividad, fue también un instrumento de dominación, especialmente cuando se puso al servicio de la colonización y del racismo pseudocientífico. Esta perspectiva desmonta la visión idílica del progreso científico como emancipación automática.
La «Guía Crítica de la Historia Moderna» se convierte así en un texto que no pretende enseñar qué pensar, sino cómo pensar la modernidad desde una mirada sospechosa. Scavino en filosofía, decía que el pensamiento actual se define por la ausencia de certezas. Algo similar hace Saitta con la historia: recuerda que no existen relatos inmaculados, y que toda narración histórica está atravesada por intereses, silencios y elecciones ideológicas. Su libro invita al lector a desconfiar de los manuales convencionales, a cuestionar las versiones oficiales y a interrogar las sombras de la modernidad. En definitiva, se trata de una obra valiosa porque no entrega una visión complaciente, sino una lectura que incomoda. Y eso es lo que hace que siga siendo relevante. Mientras otros manuales buscan simplificar para que la modernidad parezca un proceso lógico y coherente, Saitta se dedica a mostrar sus fracturas, sus paradojas y sus violencias. Es un libro que enseña a pensar históricamente, no a memorizar cronologías. Su mayor virtud, tal vez, sea recordarnos que la historia moderna no es un relato cerrado, sino un campo de disputas que sigue afectando el presente.
Así, «Guía Crítica de la Historia Moderna» no es solo una introducción, sino también una advertencia: cada vez que alguien nos hable de la modernidad como un camino recto hacia la libertad y el progreso, conviene sospechar que detrás de esa narrativa se ocultan conquistas, exclusiones y silencios que merecen ser revisitados. Armando Saitta nos recuerda que la modernidad, más que un monumento para venerar, es un problema que sigue exigiendo ser pensado críticamente.

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(Contraseña: ganz1912)

Por ganz 1912

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