DARDO SCAVINO – La Filosofía Actual (Pensar sin Certezas)

El libro de Dardo Scavino, «La Filosofía Actual (Pensar sin Certezas)», es una tentativa de ordenar, sin domesticar, ese panorama fragmentado que constituye la filosofía contemporánea. Se trata de un texto que combina la claridad pedagógica con la conciencia de que ninguna síntesis es definitiva. Scavino se mueve entre el papel de guía y el de polemista, pues sabe que la filosofía de las últimas décadas ha sido menos una acumulación de certezas que un ejercicio continuo de desmontaje: desmontaje de sistemas, de jerarquías, de tradiciones y de supuestas verdades inmutables. Lo interesante es que el autor no adopta un tono melancólico por el supuesto “fin de la filosofía”, sino que celebra esta nueva forma de pensar como un espacio de libertad frente a la nostalgia de fundamentos absolutos.
El recorrido arranca con un diagnóstico histórico: la filosofía moderna se había sostenido en la idea de que era posible fundar el saber en bases firmes, ya fuera en la razón cartesiana, en el sistema hegeliano o en la crítica kantiana. La contemporaneidad, en cambio, se caracteriza por la erosión de esos cimientos. Scavino recuerda que esta caída no es un accidente, sino el resultado de un largo proceso: la crítica nietzscheana a la verdad, la fenomenología que desplazó la seguridad del sujeto, el psicoanálisis que reveló lo inconsciente, el estructuralismo que minó la ilusión del individuo autónomo. Cada uno de estos movimientos fue dinamitando las bases de la vieja arquitectura filosófica. El presente, por tanto, no es un vacío, sino un campo de experimentación donde se multiplican voces, enfoques y estilos.
Una parte central del libro está dedicada al impacto de los llamados “maestros de la sospecha”: Nietzsche, Marx y Freud. Scavino muestra cómo su influencia se prolonga en la filosofía actual, no ya como dogma, sino como impulso de sospecha constante frente a las narrativas consolidadas. Si Marx desmontó la economía política, Freud mostró la ilusión de la conciencia transparente y Nietzsche atacó el mito de la verdad universal, la filosofía contemporánea hereda de ellos la sospecha como método. Esto explica la proliferación de corrientes como el postestructuralismo y las teorías críticas que buscan desenmascarar lo oculto detrás de discursos e instituciones.
El autor dedica capítulos sustantivos a figuras como Foucault, Derrida, Deleuze y Lyotard. En Foucault destaca la genealogía como modo de pensar el poder: un poder que no es algo que se posee, sino una red de prácticas y discursos que atraviesan cuerpos e instituciones. Con Derrida examina la deconstrucción, esa operación de leer los textos contra sí mismos para mostrar que lo que parecía sólido descansa en oposiciones inestables. En Deleuze enfatiza la creatividad conceptual, la apuesta por el pensamiento como producción de diferencias y no como repetición de lo mismo. Y con Lyotard rescata la noción de incredulidad frente a los grandes relatos, un gesto que se convirtió casi en lema de la posmodernidad.
Lo interesante en la lectura de Scavino es que evita tanto la demonización como la idolatría. No convierte a estos pensadores en ídolos inmaculados ni en culpables del supuesto relativismo contemporáneo. Los trata como lo que son: intentos de pensar un mundo donde las viejas categorías ya no alcanzan. Su mérito es mostrar que no hay que pedirles certezas, porque su aporte consiste precisamente en cuestionar el deseo mismo de certeza. En un tono irónico, Scavino recuerda que muchos críticos de la posmodernidad la acusan de destruir verdades, cuando en realidad lo que hace es revelar que esas verdades ya estaban carcomidas por dentro.
Otro capítulo atractivo es el que dedica al cruce entre filosofía, política y estética. Scavino enfatiza que en la actualidad no se puede separar lo filosófico de lo cultural, lo político o lo artístico. La reflexión sobre el poder, la identidad, el lenguaje o el cuerpo se despliega en diálogo con prácticas artísticas, con debates políticos sobre género, raza o colonialismo, con movimientos sociales que ponen en cuestión la idea misma de universalidad abstracta. La filosofía, más que retirarse a su torre de marfil, se ha visto obligada a mezclarse con el ruido del mundo. Y esa mezcla, lejos de empobrecerla, la enriquece al obligarla a reinventarse.
Scavino también se ocupa de la cuestión de la ciencia, uno de los campos donde la filosofía actual muestra más tensiones. Por un lado, la ciencia aparece como la heredera de la pretensión moderna de certeza; por otro, ella misma ha mostrado, a través de la física cuántica, de la teoría del caos y de la epistemología contemporánea, que sus verdades son provisionales, revisables y a menudo contradictorias. De aquí surge la paradoja: incluso la ciencia, símbolo de lo sólido, se revela como un discurso atravesado por incertidumbres. El filósofo no tiene, pues, que elegir entre una confianza ciega en la objetividad científica o un relativismo total, sino reconocer que la verdad es un proceso y no un punto de llegada definitivo.
En la parte final, el autor reflexiona sobre el lugar de la filosofía en un mundo dominado por el mercado, la comunicación instantánea y la proliferación de saberes especializados. La pregunta que recorre estas páginas es si la filosofía sigue siendo necesaria en un escenario donde todo parece reducirse a técnica o consumo. La respuesta de Scavino es afirmativa, pero con matices: la filosofía no debe pretender ser el árbitro supremo, sino el espacio donde se piensan las condiciones, los límites y las consecuencias de nuestras prácticas. Pensar sin certezas no significa caer en la parálisis, sino aceptar que la lucidez exige renunciar a la comodidad de las verdades eternas.
«La Filosofía Actual (Pensar sin Certezas)» es un texto que cumple con una doble función. Por un lado, es una guía accesible para quienes quieren orientarse en el caos aparente de la filosofía contemporánea. Por otro, es una intervención crítica que invita a abandonar la nostalgia de los sistemas y a reconocer el valor de pensar en la incertidumbre. Scavino no es un predicador que ofrezca soluciones, sino un acompañante que nos muestra que el camino del pensamiento es, por naturaleza, un terreno movedizo. La filosofía, nos dice, no perdió su objeto: lo transformó. Ya no busca la roca firme, sino que aprende a navegar en las aguas turbulentas del presente.
Podrá objetarse que el libro, como toda panorámica, simplifica debates y deja afuera autores y corrientes. Sin embargo, esa limitación es parte del género. Su valor no está en ofrecer un catálogo exhaustivo, sino en señalar líneas de fuerza, tensiones y problemas. En ese sentido, es una obra valiosa tanto para estudiantes como para lectores no especializados, porque les permite entender que la filosofía actual no es un caos incomprensible, sino una multiplicidad que responde a una misma condición: la ausencia de certezas últimas.
En suma, Dardo Scavino logra en «La Filosofía Actual (Pensar sin Certezas)» un gesto poco frecuente: presentar con claridad lo que se caracteriza precisamente por su falta de claridad. La paradoja es inevitable, pero también fecunda. Al leerlo, uno entiende que la filosofía contemporánea no se reduce a un relativismo banal ni a una jerga ininteligible, sino que ofrece herramientas para pensar en un mundo que, aunque carente de fundamentos absolutos, sigue exigiendo reflexión, crítica y creatividad.

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(Contraseña: ganz1912)

Por ganz 1912

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